In Memoriam, Juan González Soto (1940-2019).

Ha sido llamado a su eterno hogar uno de los fundadores de CIPEP. Fue un siervo de Dios que en su tiempo entendió que la educación teológica era necesaria para la edificación de la iglesia, un siervo que llevaba la formación de otros en sus venas, un siervo que luchó para ver crecer a un ministerio que, por hombres como él, se ha convertido en un modelo para otras Instituciones no solo en Colombia, sino en el mundo.
Su sencillez fue su marca indeleble, nunca propendió por un título, sin embargo, lo reconocemos como un gran siervo de Dios, que siempre pensó en cómo ayudar a los demás en sus necesidades, en cómo presentar la gracia del Evangelio (su tema favorito) a todas las personas con quienes conversaba.
La gracia de Dios se manifiesta en dones a los hombres y sin duda, el hermano Juan, como cariñosamente le decíamos, fue uno de esos dones que Dios nos dio. Hoy rendimos un sentido homenaje a quien fuera nuestro consejero, a quien nos ayudaba a mantener la calma en medio de las tormentas, a quien nos enseñó a confiar en el Señor aun cuando él guardaba silencio.
En la memoria, nos queda el recuerdo de su paso lento, pero firme, de su mirada corta, pero penetrante, de su voz suave, pero profunda. En el recuerdo, de quienes fuimos a su oficina a llorar, a reír o a escuchar una de las tantas historias de la gracia de Dios con su vida, nos queda su asombrosa confianza en Dios, manifestada en la tranquilidad con que veía todas las cosas. Nos queda su potente voz cantando uno de sus himnos favoritos: “nadie pudo amarme como Cristo…”
Hoy celebramos que ha llegado a casa, nos duele su ausencia, pero nos alegra su triunfo. Su legado nos invitará a confiar en el Señor y a serle fiel todos los días de la vida.